Decepción
Cuando tomé la llave de la ducha
me tomó un segundo darme cuenta que algo estaba mal, sentí algo parecido a una
descarga eléctrica sumamente fuerte entre el dedo anular y medio de la mano
derecha. Pensé que quizás me había picado un bicho con aguijón y comencé a
examinar mi mano en búsqueda de alguna marca. La encontré! Era un puntito
púrpura en la punta del dedo medio, que en ese instante no me causó mayor impresión,
ya que normalmente me pasan accidentes de este tipo. Soy un imán de corriente,
de tropezones, de meteduras de pata en general. Sin embargo mi mano empezó a
doler, mucho, muchísimo, me sentía muy despierta y me dolía, empezaba a ponerse
más morada, entendía que me había electrocutado cuando tomé la llave de la
ducha y que ese era el efecto de la corriente dentro de mi cuerpo. La batía y
la batía, agitaba mi mano en el aire con miedo, pero curiosamente sin pánico,
sabiendo que podía perderla, que me la deberían cortar; pero yo parecía tener todo
controlado en mi futuro, incluso pensaba qué tipo de prótesis usaría después de que me amputaran. No sé cómo explicar mi seguridad en ese momento. Agarré una toalla,
salí de la ducha y llegué a la recepción del sitio en el que estaba alojada
para denunciar, reclamar, reclamar muy fuerte por sus malas conexiones eléctricas. Decirles que ahora ellos debían hacerse responsables por mi accidente! Tenía que
denunciarlos! Gritarles que debían conseguirme una prótesis de lo mejor porque de paso
era mi mano derecha! Con la izquierda soy inútil, con esa solo acaricio al
gato. Yo soy diestra y soy escritora!, por su culpa mi futuro estaba en juego, una denuncia sería poco!
Mientras veía el modo de hacerles
saber la gravedad del asunto y lograr que se hagan cargo de esto que me pasaba,
dejé de sentir el dolor que me aquejaba, ya no sentía la mano hinchada ni
dormida, ya no estaba morada, parecía que había sanado!
En ese momento desperté.
Ya en calma pude darme cuenta que
había amanecido hace horas, que me había acostado con la ropa del día anterior
y sin duchar, sumamente cansada o agobiada por los antidepresivos nuevos que me hacen un efecto muy pesado y no me había
levantado para nada hasta ese momento. Mi mano quizás estaba en una mala posición
todo ese tiempo, quizás esto había causado esta pesadilla y me dolía
nuevamente.
Mi gato sobre mí, seguramente con
hambre, esta vez no maullaba, no pedía nada; pero cuando quise acariciarlo pude
darme cuenta de la realidad, estaba lleno, harto, saciado, este apenas terminaba de masticar uno de mis últimos dedos derechos
en su hocico y para mi decepción… no podía denunciarlo.
Karol Alarcón Mieles
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