Sabía coleccionarlos.
Tenía pequeños, grandes, elegantes
y otros super casuales.
El motivo por el cual dejé de
usarlos fue muy básico: me quedé sin dinero para comer, menos tenía para
estarle cambiando pilas al Fossil (mkt gratuito), costosa era la pinche pilita.
Lo que no sabía en ese
entonces, unos 8-9 años atrás, es que esta experiencia me estaba preparando
para abandonar por completo el patrón de itinerarios obsesivos, llámese rutina, que requería específicamente
de un tic tac en mi vida.

Esto no significa que me haya
hecho impuntual, para nada. Aún me gusta respetar el tiempo ajeno y por ende,
que respeten el mío. En mi vida actual de labores y viajes por igual
improvisados necesito conocer el tiempo y demás itinerarios, sino algunos
planes fracasan.
Sí, aún planifico, pero no como
antes.
Sabía tener esa alarma de 5h50 que podía posponer cada 10min hasta
llegar al tiempo necesario de arreglarme al trabajo. Por qué? A ver! todos
sabemos que el sueño más delicioso es ese que sientes justo cuando ya te toca
levantarte, cierto? Ya pues, por eso.
Luego en el trabajo me esperaban otras alarmas, manías, rutinas,
no sé cómo llamarlas; pero en efecto eran parte de una monotonía que me daba
seguridad aunque afectaba con su mecanicidad.

Así pensaba yo que era la seguridad. Las horas del reloj, la
organización impuesta y autoimpuesta en mi día me llenaba de seguridad y calma.
Tenía alarmas e itinerarios organizados hasta para los fines de
semana, cuando estos eran los únicos días que significaban la libertad para mí.
Sonaría absurdo que hasta tenía alarma para dormir? Que justo
sonara una media hora antes de la suma exacta de las 8 horas que debía tener
para que mi cuerpo tuviera la energía debida que dicen los estudios médicos.
Uff - TOC
Entonces, así como por arte de
magia, para el favor de mi crecimiento personal y mi futura felicidad, las
cosas empezaron a salir mal.
Así como lo escribo: MAL. O al menos así lo veía yo al principio.
Y cómo se fue conectando esto con mi vida actual? veamos:
Primero perdí ese trabajo por el cual me mudé de ciudad, sin
embargo, no estaba dispuesta a irme de ahí. Ya había encontrado un ritmo de
vida más adecuado para mi personalidad en menos de mi primer año.
Conocí lo que no era tener horario establecido y aunque al
principio fue algo que disfruté por unos días, sentí que tanta oportunidad de
libertad me abrumaba. No tanto por la crisis económica que vivía por mi falta
de cultura de ahorro en ese tiempo, sino porque necesitaba seguir un patrón,
ese patrón de tantas horas despierta, haciendo esto o lo otro predeterminadamente
y luego dormir (pensando en qué hacer al otro día)
No crean que vivía esclavizadamente triste o amargada, no. Sí
salía, obvio, disfrutaba, conocía gente; pero todo era bien planificado la mayoría de
las veces.
En esta onda de que las cosas salieran mal, yo seguía necia a
seguir haciendo las cosas del mismo modo que siempre.
Buscar un trabajo, mi prioridad; uno esclavizante mientras más,
mejor. Encontraba, fácilmente encontraba y muy buenos.
De pronto empecé a resentir la falta de “hacer lo que quería
cuando quería…un poquito al menos”, la mala costumbre de esos part time jobs que
estuve ejerciendo y que había llegado a amar. De mesera en un bar o preparando
tragos en horas de la noche brutalmente agotadoras como divertidas, cuidando
niños de parejas extranjeras cuando se diera el caso, haciendo contabilidad en
horas que me permitían llevar un vida de “pseudo libertad” y con algo de
salario.
Digo pseudo porque al final sí me exigía aún esto de poner alarmas
diarias y cumplir patrones fijos de vida.
A esta hora despierto, hasta este minuto pospongo, ropa escogida
desde la noche anterior o de un domingo para toda la semana, el bus de tal hora
y quizás el siguiente si lo perdía, hora de almuerzo, hora de salida, hora de
ejercitarme, hora de ver tal programa, hora de pensar en mil musarañas antes de
dormir…hasta dormir. Y el día se repetía.
No me encantaban los lunes y añoraba los viernes, gente normal
era.
Insisto, me la pasaba bien, a mi modo era feliz, me sentía segura
en mi rutina, fui feliz hasta que supe lo que era en serio: estar mejor.
Irónico, porque para ver lo que era estar mejor, he tenido que
pasar por cosas peores si se puede decir así (aunque sé que en lo que falta por
vivir, mejores y peores vendrán, quizás)
Ya trabajaba de nuevo en medios tiempos cuando mi hermana enfermó.
Malestares de un momento a otro que me hicieron pensar “bueno, he pasado peor
en necesidades, hagamos otro cambio, no vendrá mal y nos ayudamos mutuamente”.
En ese punto de mi vida ya había vivido otros cambios a nivel laboral y todo lo
que conocía (bien o mal en un inicio) me llenaba de nuevas experiencias
válidas. Ya me estaba gustando esto de los cambios, las sorpresas no tanto, la
estabilidad aún me sabía a necesaria.
Una vez que me mudé con ella no pasaron sino unas pocas semanas y
falleció mi abuelo, muy querido para mí. En ese punto era relativamente fácil
para mí decir “me voy! Viajo a abrazar a mi abuela”. Tenía en este punto de mi
vida cierto aire de libertad que me permitía abandonar un día cualquiera lo que
estuviera haciendo para ir a abrazar a alguien que amaba y sabía que me
necesitaba. Me sentí, dentro de la pena,
algo afortunada.
Ya en ese entonces tenía tiempo para cuidar de mis sobrinas, pasar
tiempo con ellas mientras aún me sacaba la mugre estudiando (generalmente luego
de las 22h cuando ya las nenas se olvidaban de mi presencia) y hacía mis
trabajos de medio tiempo como clases de inglés, contabilidad y cosas así.
Estaba ocupada, sí; pero me sentía relativamente libre, porque claro, yo ponía
mi horario.
Llegó el diagnóstico del cáncer; con el pasar del tiempo las cosas
con su salud parecían irse controlando.
Ya se habían mudado de ciudad (tremendo cambio que les tocó hasta a las
más pequeñas, recuerdo mi sobri mayor no vivió vacaciones ese año por temas de
régimen costa-sierra) y yo seguí en Quito. Viendo que todo mejoraba y creyéndome
dueña del destino pensé “listo, todo está
mejor, todo seguirá mejor” y nos
daban malas noticias en cada visita al médico cuando todo parecía ir super
bien.
Nos resignamos a los “no hay
cómo saber, sólo hay que seguir” al punto que pensé “buscaré de nuevo un trabajo que me devuelva la paz de mi rutina” y
lo conseguí. Ya dije que los trabajos nunca me han sido difíciles de conseguir.
Como bien creo han escuchado la frase “mientras haces el planes el
universo se ríe”, tal cual sucedió.

Justo una semana antes de entrar a trabajar yo cumplía años,
decidí visitar Manta, festejar y despedirme un buen tiempo de la familia, casa
y playa porque “las cosas volvían a la normalidad” y no tenía para qué visitar
tanto como lo estaba haciendo, la viajadera semanal para acolitar a mi hermana
con mis sobris me estaba costando malestares.
Como les decía, el destino se me cagaba de la risa.
Lo imaginaba con una voz muy ronca y gutural diciendo algo como “dale,
dale no más, planifica, que todo está
mejorando”.
Ese fin de semana en el cual pensaba festejar me enteré de que mi
tío amado estaba muy mal, enfermo.
Ese fin de semana recibimos su diagnóstico fatal.
Ese fin de semana antes de volver yo a la capital mi madre me
hablaba, privadamente, de su preocupación por una bolita en el seno.
Qué fin de semana!! Wepa! Feliz cumpleaños a mí
wiiiiiiiiiiiiiiiiii
Al final, me tocó volver.
Yo en mi nuevo trabajo, entre capacitación de muchos nuevos
conocimientos, buenas vibras con los nuevos compañeros, con incredulidad por
diagnósticos recibidos y con más dolor por diagnósticos confirmados. Ahora mi
madre también tenía cáncer, aunque ella se lo tomaba fresco, por “no
preocuparme”, qué tal? Estas mamás…
Por primera vez pensé “será
que algo me está tratando de decir la vida? Será de regresarme? Me quedo no
más? Quizás me está forjando en algún tipo de resistencia? Qué demonios!!?”
bien gil porque al parecer me lo estaba gritando y yo elucubraba…
Vale aclarar que en ese punto yo no tenía la menor idea (ni ganas)
de volver a Manta, donde está mi familia; sin embargo a mi familia la quería
cerca. Con esa sensación irreal, de que quizás estando más cerca uno genere más
ayuda o más paz, wrong! No pasa así; pero ahí vamos aprendiendo.

Me contuve de devolverme al principio, por sugerencias de mi madre
como conocedora de mis gustos y capacidad de logros. Le hice caso.
Mientras tanto yo en mi tercera semana de trabajo nuevo tenía mi
primer ascenso; sí, el primero de varios que siguieron en cuestión de aumento
de responsabilidades y remuneración correspondiente. Parecía un tira y hala.
Las cosas en mi casa se ponían peor y yo estaba acá con mucho
éxito. Por ahí entienden mi “qué será de
hacer?” haciendo caso de “lo que es
mejor para mí” “los apegos no son buenos Karol!”, me decía yo.
Todo eso basado en sugerencia ajena para no hacer caso de mi
sensibilidad, mientras me ahogaba por querer ayudar a otros, no a mí.
Mi tío falleció en menos de 2 meses de su diagnóstico (ya mismo se
cumplen 2 años y el dolor es grande aún), sentí una culpa inmensa por no estar
con él, pensando que yo podía lograr algo, con resentimiento por hacer caso a
alguien más y no a mi corazón.
Todo eso se mantiene, pero en dosis mucho más bajas.
Al final, toca aceptar lo que fue, sino, cómo?
Mi madre ya empezaba con quimios mientras mi hermana aún luchaba
con las suyas y no tenía manos extras que ayudaran; así decidí que tras casi 6
meses de “paz con mi rutina” en mis nuevas labores debía volver a lo que
parecería el caos. Ya estaba avergonzada por estar pidiendo permisos laborales por cada
posible emergencia o necesidad que teníamos en casa, aunque me otorgaban toda la soltura
posible nunca faltaba quien jodía...
Mi casa no me necesitaba tanto a mí como yo la necesitaba a esta.
Tenía miedo de perder más y no estar ahí en el momento que eso
pasara.
Ya son casi 4 años de estar de aquí pa’ allá, buscando lo que no
se me había perdido en un inicio hasta poder aprender lo que realmente quiero y
necesito.

Soy feliz con mi vida, entre las pérdidas que he tenido y los
sacudones en el alma, algo tengo claro: Vivir el hoy con todo! y el mañana? ya
veremos, sabiendo que todo puede cambiar de un día para otro. Y por todo, me
refiero a la vida completa.
No tengo la mínima intención de volverme a encerrar en un oficina,
si me toca estar en 4 paredes será por un motivo fuerte y por pocas horas, nada
que me haga sentir esclavizada, nuevamente, jamás!
Sólo el amor es fijo! El verdadero!
Al igual que la muerte, esta es inminente y no la podremos evitar
cuando llegue; pero considero, desde mi experiencia que entregar todo lo que se
pueda de uno mismo en su tiempo, en su vida, es la manera más fácil de perderle
el miedo al caos y dejar la angustia por lo que no se puede controlar, tomando
ventaja del tiempo, con el mayor de los provechos, haciendo cosas que realmente
ames sin imposiciones ni itinerarios esclavizantes.
Ese el único reloj que no suena, no lo llevamos puesto pero
siempre está con nosotros, aprovéchalo!
